sábado, 14 de octubre de 2006

Turismo: Ciudad de México II

!Más pronto cae...
Heme aquí de vuelta en la Gran Teonchtitlán. Los motivos que me traen son casi idénticos: otra fiesta de mi sobrina, ver a los amigos. El café donde estoy está alfombrado y tiene pocas máquinas, es en Santa Mónica, hacia el norte de la ciudad. Hay dos franceses que se están yendo. Estoy algo desvelado y creo que en breve voy a salir a fumar y comprar una coca-cola.
Salí ayer a las cuatro, por ADO, y cosa singular, pasaron una película buena en el camión: "The Hithchiker's Guide to the Galaxy". Se trata de que la tierra se destruye, pero dos terrícolas (un inglés pusilánime y una nena preciosa) tienen la suerte de llegar por medios diferentes a la nave espacial en la que se había autosecuestrado el Presidente de la Galaxia: un ególatra extremadamente carismático. Los personajes van teniendo una serie de aventuras hilarantes en un universo habitado por toda clase de seres bizarros. Me dio la impresión de Alicia en el país de las maravillas, pero quien haya tenido oportunidad de ver "Las aventuras del Barón de Munchausen" tendrá una imágen mucho más cercana. Entre otras cosas, aparece un robot melancólico, una supercomputadora que ve las caricaturas, una ballena que cae desde el cielo en un planeta remoto y una raza de extraterestres burocráticos que tiene la marca de la tercera peor poesía del universo. Rica en contenido filosófico y muy amena, altamente recomendable. Depués pasaron "El Zorro", así que me dormí un rato, y después un programa en el que tres agencias de viajes le preparan tres vacaciones caribeñas diferentes a una típica familia norteamericana (los esposos se decían "mom" y "dad" entre ellos, los ridículos); aunque le pedí al operador que bajara el volúmen, los estúpidos diálogos, para colmo doblados al español, me hicieron imposible concentrarme.
Me quedé de ver con World Bridger, así que de la central del norte emprendí la expedición hasta estas zonas más septentrionales de la ciudad. Ayer en la noche me acordé otra vez de la aparente interminabilidad de este lugar. Pasas calles, avenidas anchísimas, miles de semáforos, y todo lo que ves es carros y más carros por todos lados. En la movie de ayer, el inglés conoce a uno de los extraterrestres cuando éste último iba a ser arrollado por un auto; se paró enfrente del vehículo con la mano extendida porque pensaba que esa era la especie dominante en el planeta.
En la travesía me subí a un taxi, e inmediatamente le pregunté al Sr. taxista cuál era el humor ciudadano. "Pues está cabrón, la verdad... está cabrón". Me platicó que tiene un aparato de radio con el que puede recibir estaciones de diferentes partes del mundo. Escuchó una entrevista que le hicieron a AMLO en Venezuela. Me platicó que muchas calles aledañas al Zócalo estuvieron también llenas en los días en que la Plaza de la Constitución se llenó de gente que deleznaba el fraude, sólo que eso no se vio en la televisión. Estuvimos de acuerdo en que a nuestros honestos e institucionales gobernantes no les convenía que Fox diera el grito frente a toda esa gente porque "ciertamente" sería un show internacional: millones de personas mentándole la madre al Presidente de México en pleno festejo patrio. ¿Es así como se ve un país democrático?
World Bridger y Alan me recogieron en el Indoamericano. Fuimos a dar una vuelta por la Zona Esmeralda, una isla de opulencia situada en las afueras de Atizapán. De regreso, el Enlazador de Mundos se metió mal y fuimos a salir por Lomas Verdes. Uno de los campus universitarios donde he estudiado se encuentra ahí, de modo que la zona me es muy familar, además viví venititantos años muy cerca de Lomas Verdes. Por eso me sentí algo confundido cuando la carretera por la que íbamos se bifurcó y nos mandó a bordear unas colinas que yo recordaba vacías. Al borde de la carretera se levanta ahora un muro de concreto de unos quince metros de alto, yo lo veía sorprendido, era muy largo, y nadie tenía idea de qué cosa era aquel monstruo que recordaba un castillo medieval excepcionalmente masivo. Comencé a alarmarme... no mames ¡¿qué es esto güey?! Luego de cientos de metros, la pared terminó y ví la entrada a un gran estacionamiento con un flamante letrero de Walmart. Alan recordó entonces un capítulo de South Park en el que Walmart aparece como una entidad con vida propia, cuyo único propósito es hacer que la gente compre en él. Igual que cuando en Los Simpson los anuncios cobran vida, la solución era ignorar a Walmart, pues se había convertido ya en un problema la adicción consumista de la gente. Lo malo fue que a un señor se le le rompió un foco a las once de la noche, y se le ocurrió que sólo en Walmart podría conseguirlo; para cuando llega a la tienda, hay un montón de gente en piyama comprando estupideces.
Luego fuimos a la casa de mi poco orientado amigo, vimos algunas fotos de las marchas y el plantón y divagamos hasta las cinco de la mañana. Hoy nos levantamos y desayunamos en los célebres tacos de guisados del Güero, junto al Sumesa de Arboledas. Ya cuestan diez varos. Yo me dí dos de moronga.
Entre otras cosas nuevas que ví está el paso a desnivel que están construyendo en Valle Dorado. Junto con el casino de la vez pasada y el Walmart, veo que el Estado de México está progresando: nuevas y más variadas formas de consumo y alfombras rojas para la especie dominante.

1 Comments:

At 12:07 p. m., Blogger Misantropic Democrat said...

No te hagas pendejo, ya las tienes.

Ademas, mi castigo por microfascista lo recibi al perder tan apreciada joya.

 

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