sábado, 5 de septiembre de 2009

Religión: excomunión y resurección I

Resulta que ahora la iglesia católica anda solicitando que se modifique el texto de uno de los libros de primaria que edita el gobierno, porque incluye el dato de que Hidalgo fue excomulgado.

Los representantes de esta santísima institución sostienen que el dato no es preciso, que no se apega a la realidad, pues Miguel Hidalgo se confesó antes de morir, un acto que, para ellos, equivale a regresar al seno de la iglesia. Es decir, la iglesia expulsa temporal o definitivamente a una persona de su congregación, de modo que no puede asistir a las ceremonias (Espinosa, 2007); pero si el excomulgado se confiesa antes de morir, todo lo que hizo la iglesia para echarlo fuera pierde importancia y el que una vez fue rechazado por la institución, es admitido nuevamente en ella.

No estoy seguro de haber descrito con exactitud el proceso en cuestión, pero, honestamente, ¿tiene importancia? No para mí, que no soy católico y gracias a Dios nunca lo he sido. Tiene importancia, supongo, para quienes tienen por realidades las reglas y procedimientos establecidos por la iglesia católica, sus famosos cánones. Para aquellos que no pertenecemos a esa institución, sus reglas y procedimientos tienen aproximadamente la misma importancia que el protocolo seguido por los masones en sus famosas "tenidas", las reglas de urbanidad del Manual de Carreño o los códigos de conducta apropiada o inapropiada en un grupo de niñas de secundaria. Es decir, no los conocemos, ignoramos sus sutilezas, y podemos pasar la vida sin enterarnos de nada sin que tal cosa vaya a afectarnos en modo alguno.

La validez de la famosa excomunión se ha estado discutiendo mucho últimamente, pues, al parecer, la iglesia quiere ser invitada a las fiestas del bicientenario, quiere participar, decidir el color de los manteles o algo. Que el papa en turno haya condenado oficlalmente los movimientos de emancipación, que la iglesia no haya reconocido la independencia de México hasta 1836, que a Hidalgo le rasparan la cabeza con un cuchillo y le cortaran las llemas de los dedos "para arrancarle, simbólicamente, el orden sacerdotal" (Campos, 2008) son hechos que parecen no importarle a los representantes de Cristo en La Tierra. Coincido con la historiadora Patricia Galeana, op. cit. en el documento de Laura Campos, en que la puta de Babilonia no tiene nada qué hacer en la celebración de un estado laico (la putería y las cursivas son mías). El debate es francamente absurdo: que si se confesó antes de morir, que si unos franciscanos lo enterraron en terreno sagrado (beneficio inasequible a un excomulgado, aunque si eran franciscanos...), que si el clérigo que emitió el documento era bastardo (y por tal razón no podía ser sacerdote ni obispo, así como hoy día no admiten hijos de madres solteras en algunas escuelas inspiradas por la piedad de Dios). Burocracia eclesiástica... dos palabras que me provocan retortijones.

Circulan por ahí unas páginas web que supuestamente reproducen el texto del documento en cuestión. Están medio mal presentados y las versiones difieren. No falta quien dice que son falsificaciones masónicas, pero se pueden consultar aquí y aquí.

Para quien le dé flojera consultar esas páginas, muestro solamente un botón, para que el lector no enterado pueda no obstante tener una idea de qué contiene un decreto de excomunión:

Que el Espíritu Santo, que nos fue dado en nuestro bautismo, lo maldiga. Que la santa cruz a la cual ascendió Cristo por nuestra Salvación, triunfante de sus enemigos, lo maldiga. Que la santa y eterna Virgen María, madre de Dios, lo maldiga.

Que sea condenado donde quiera que esté, en la casa o en el campo: en los caminos o en las veredas; en las selvas o en el agua, o aún en la iglesia. Que sea maldito en el vivir y en el morir; en el comer y el beber; en el ayuno o en la sed; en el dormitar o en el dormir; en la vigilia o andando; estando de pie o sentado; acostado o andando; mingiendo o cancando. [Sí, eso significa que hasta meando y cagando fue maldito.]

Que sea maldito en su pelo. Que sea maldito en su cerebro. Que sea maldito en la corona de su cabeza y en sus sienes, en su frente y en sus oídos; y en sus cejas y en sus mejillas; en sus quijadas y en sus narices; en sus dientes anteriores y en sus molares; en sus labios y en su garganta; en sus hombros y en sus muñecas; en sus brazos, en sus manos y en sus dedos. Que sea condenado en su pecho, en su corazón, y en todas las vísceras de su cuerpo. Que sea condenado en sus venas, en sus músculos, en sus caderas, en sus piernas, pies y uñas de los pies. Que sea maldito en todas las junturas y articulaciones de su cuerpo.

Y todo por rebelarse contra la Corona de España. Doscientos años después, la iglesia sigue excomulgando por causas más bien políticas: por ejemplo, la excomunión de Marcelo Ebrard y los legisladores que votaron al favor de la interrupción voluntaria del embarazo, o "aborto".

En la siguiente entrega, hablaremos sobre el segundo sustantivo del título de esta entrada: la resurrección.


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