jueves, 28 de julio de 2011

Consumo: el gowin (c)

Acababa de cobrar un cheque y venía otro en camino. Era un remanso en un río turbulento que llevaba ramas, tierra, deudas y salarios que se esfuman apenas caen en la cuenta. Entré orgulloso al oxxo para comprar un litro de leche y en la caja, donde tienen colgadas madrecitas para celular y memorias USB carísimas, vi un transmisor de radio con entrada para USB... pregunté y costaba 150 pesos. No lo podía creer: con uno de esos yo podría tocar cientos de mis rolas en el estéreo del carro sin recurrir a los molestos CDs, que se rayan a cada rato, sobre todo cuando vives en una ciudad con playita. Gowin, decía en el empaque.


Esperé hasta el siguiente día para comprarlo. Antes tendría que arreglar el encendedor del carro. En una tienda de autoestéreos pregunté si tenían la pequeña refacción. Por 120 pesos cambiaron toda la pieza, aunque al revisar el enchufe del encendedor viejo me quedé con la espinita de que a lo mejor nada más tenía que ser cambiado el fierrito, que de hecho estaba bastante oxidado. "En fin", me dije, "mientras descanso y le doy un jalón al jiter". Salí del corredor por donde metí el carro a la trastienda y al llegar a la calle me prendí; mientras lo hacía, pasaba frente a mí, en la avenida, un convoy de militares con los ojos bien abiertos detrás de sus pasamontañas (con este calor) y sus armas preparadas. Por supuesto que no me vieron: ellos andan buscando otra cosa.


Manejé entusiasmado para comprar el aparato en el mismo oxxo donde lo vi. Leí algunas especificaciones, y mi única dificultad técnica se resolvía con el cable USB que, decía en el empaque, venía incluido. Aquí me llevé el primer disgusto: el 'cable USB' era un cablecito de esos que tienen dos machos para entradas de audio. La información del empaque, ambigua además de francamente engañosa, podía también interpretarse como que el gowin trae una memoria interna (ejemplo de wishful thinking al servicio del consumo irrelevante), pero como esto último me pareció más bien difícil de creer fui entendiendo que tendría que comprar una memoria USB. En fin, me dije, primero pruebo esto y luego veo si es necesaria la memoria.


Por supuesto fue necesaria, aunque de hecho necesitaba una, así que fui al "cíber" donde en una hoja en la pared dice "memorias de 4 Gb a $150". Entré, encaré al chamaco que atiende y le dije "¿Me das una memoria?". Me hizo un gesto que significaba "ahí están". Tomé una, saqué el dinero de mi cartera y me dijo "no, pero es que estas son de $180"... "Puta madre", pensé, "qué vergas son, pinches mañosos, entonces quiten el letrero". Abrevié esto en alguna frase de malestar que por lo menos espantó al imberbe acnéico, pero le di los treinta varos adicionales y me fui con mi memoria.


Sin mirar el gowin, abrí la memoria y le cargué como 800 rolas. Al terminar encendí el carro (la batería está agonizante) y me dispuse a probarlo. En un resquicio de mi conciencia esperaba ya lo peor del gowin, pero por suerte encendió, la pantalla LCD no estaba tan naca, y brillaba una lucecita dentro de su armazón blanco, lo que le da al gowin el aspecto de un gadget respetable. (Me preocupaba la impresión que un aparato muy corriente podría causar en mi novia; de por sí ya la idea de un transmisor así no es del mejor gusto...).


Pero los botones eran los que lo hacían más sospechoso: son como los de un juguete chino de la peor calaña. Sintonizarlo no fue mucho problema, pero la respuesta a los mentados botones es muy lenta: se cambia de canción con relativa rapidez, pero el avance por carpetas es imposible utilizándolos, pues aún cuando la pantalla muestre que está en "modo fólder", el cambio lo sigue haciendo canción por canción. Lo mismo el modo aleatorio, que se indica en la pantalla mediante una "R" deforme: no funciona. Lo bueno es que el gowin tiene un control remoto con botones para cambio de canción y cambio de carpeta, y con números para seleccionar la canción: "perfecto", me dije "lo único que tengo que hacer es ir aprendiéndome los números de las carpetas, y así de paso ejercito la memoria". El problema es que el control remoto deja de funcionar a voluntad, lo que lo inhabilita como una opción viable para ir navegando por las carpetas en medio del tráfico y peleando con el control remoto, con el riesgo de chocar con algo o atropellar a alguna persona.


Así que, al final del día, tengo un aparato que no me sirve para lo que yo lo quería, pues con esos controles tan ineptos me vería limitado a traer un número limitado de canciones, lo que representaría estar grabando y desgrabando, andar con la memoria para todos lados, conectar el gowin, conectar la memoria... Para el caso es más fácil con los discos. Pero bueno, por 159 pesos no podía esperar gran cosa. Al final gasté otros 300 pesos, pero ya tengo la memoria y ya sirve el encendedor del carro (que de todos modos no usaba). Así que:





tres compras = tres transas














El gowin, un pedazo de basura más en el mundo.

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